La libertad que nos ofrece el Espíritu del Señor
Aquí está el misterio de las palabras del Apóstol: “Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (II Corintios 3, 17). Esta es la libertad frente a la corrupción que rodea nuestro espíritu incorruptible, o frente a las pasiones que corrompen nuestra naturaleza.
Tenemos dos vidas: una corporal y otra espiritual.
Nuestro espíritu está, en cierto modo, sepultado en el cuerpo. Cuando, al resucitar por la gracia de Dios, comienza a desprenderse de su unión con el cuerpo y se manifiesta en su pureza espiritual, resucita por completo o va resucitando poco a poco; y cuando se desprende totalmente de esta unión, sale como de un sepulcro hacia la vida renovada. Así, el espíritu llega a ser tal como es en sí mismo: vivo y activo, mientras que el cuerpo tosco está muerto e inactivo, aunque tanto uno como el otro se encuentren unidos en el mismo hombre.
Y aquí está el misterio de las palabras del Apóstol: “Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (II Corintios 3, 17). Esta es la libertad frente a la corrupción que rodea nuestro espíritu incorruptible, o frente a las pasiones que corrompen nuestra naturaleza.
Este espíritu que entra en la libertad de los hijos de Dios es como una joven mariposa, vestida de colores atractivos, que sale suavemente volando de su crisálida. He aquí su florecimiento de arcoíris: el amor, la alegría, la paz, la paciencia, la bondad, la misericordia, la fe, la mansedumbre y el dominio propio (Gálatas 5, 22).
¿Acaso toda esta belleza de la perfección no es capaz de despertar en nosotros el fervor?
(Traducido de: Sfântul Teofan Zăvorâtul, Tâlcuiri din Sfânta Scriptură pentru fiecare zi din an, Editura Sophia, București, pp. 64-65)
