Palabras de espiritualidad

La luz que refleja el hombre de fe

  • Foto: Bogdan Bulgariu

    Foto: Bogdan Bulgariu

La bondad impresa en el rostro del creyente da testimonio de la tranquilidad de su conciencia.

¡Qué admirable es el rostro del creyente! ¡Qué admirable es su gracia! Su hermosura cautiva, y su elevación expresa su confianza en Dios. La serenidad que irradia su semblante manifiesta la paz del alma, y su quietud revela la imperturbabilidad que hay en su corazón. La bondad impresa en el rostro del creyente da testimonio de la tranquilidad de su conciencia.

El creyente es el ícono del hombre liberado de la tiranía de las preocupaciones incesantes de la vida que atormentan el espíritu cada día, y el ícono del hombre cuya confianza en Dios está pintada con vivos colores en los rasgos de su rostro. El creyente es la imagen del hombre verdaderamente feliz.

Y es feliz porque posee ya la certeza de la santidad de su fe y porque está convencido de su verdad. Dios ha hablado en secreto a su corazón, la voz divina ha llenado su interior, y la alegría divina lo ha inundado. Su corazón y su mente están consagrados a Dios. El corazón arde con el amor a Dios, y su espíritu se esfuerza por elevarse hacia Él.

(Traducido de:  Sfântul Nectarie, Morala creștină în curs de publicare la Editura Doxologia, traducere realizată după Apanta erga vol. IV, Atena 2010)


 

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