Palabras de espiritualidad

La luz verdadera entra en los corazones puros

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Nuestras ventanas están ahumadas, nuestros corazones no son puros y por eso no dejamos entrar la luz.

No todos los hombres son igual de receptivos a la palabra de Dios ni a las revelaciones sagradas, sino que esto depende de la pureza de su corazón y del fervor con que cada uno vive la vida espiritual. Esto sucede también con los santos, y por eso sus vivencias son de distintos tipos. El padre Porfirio aconsejaba sobre este asunto: «No crean que todos los que están aquí ven por igual la luz de la verdad. Cada uno la ve según su sea alma, su espíritu, su educación, su estado anímico. ¿Lo entienden? Muchos ven, por ejemplo, una imagen, pero no todos los que la ven tienen los mismos sentimientos. Así ocurre también con la luz divina. La luz verdadera no resplandece igual en todos los corazones. Es decir, el sol ilumina todas las cosas, pero en una casa con cristales ahumados pasan pocos rayos. ¿Lo entienden? Por eso digo que lo mismo sucede con la luz no-creada. Nuestras ventanas están ahumadas, nuestros corazones no son puros y por eso no les está permitido entrar».

(Traducido de: Presb. Dionisie Tatsis, Mireasma duhovnicească a părintelui Porfirie, p. 60-61)

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