Palabras de espiritualidad

La Madre del Señor, presente en todas nuestras alegrías

  • Foto: Florentina Mardari

    Foto: Florentina Mardari

La alegría de la Divina Liturgia que nos dejó nuestro Señor Jesucristo, la alegría de la Santa Comunión con los Santos Dones, con el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, todo esto, de algún modo, viene por medio de la Madre de Dios.

Todos los que creemos en la Madre de Dios nos alegramos de conocerla; nos alegramos de tenerla cerca de nosotros; nos alegramos de tenerla como auxilio y protectora; nos alegramos de tenerla como intercesora por nosotros; nos alegramos de tenerla orando por nosotros.

Todas las alegrías de nuestra fe, todas las alegrías cristianas —la alegría por nuestro Señor Jesucristo, la alegría por la enseñanza del Señor, la alegría que brota del Sacrificio del Señor, la alegría de la Resurrección del Señor, la alegría de la Ascensión al Cielo del Señor, la alegría ante el pensamiento de la Segunda Venida del Señor, la alegría por todo lo que sabemos acerca del Señor— todas esas alegrías vienen por medio de la Madre de Dios.

La alegría de la Divina Liturgia que nos dejó nuestro Señor Jesucristo, la alegría de la Santa Comunión con los Santos Dones, con el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, todo esto, de algún modo, viene por medio de la Madre de Dios.

(Traducido de: Arhimandritul Teofil Părăian, Maica Domnului, Raiul de taină al Ortodoxiei, Editura Eikon, Cluj-Napoca, 2003, p. 32)


 

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