La mala costumbre de lamentarnos por todo
Algunas veces el maligno nos tienta y nos hace sentirnos insatisfechos con nuestra vida, cuando bien podríamos regocijarnos alabando a Dios por todo, y después recibir Su bendición.
Algunas veces el maligno nos tienta y nos hace sentirnos insatisfechos con nuestra vida, cuando bien podríamos regocijarnos alabando a Dios por todo, y después recibir Su bendición.
Conozco a alguien que vive en el Santo Monte Athos, quien, cuando llueve y le dices: “Otra vez está lloviendo”, empieza: “Sí, aquí todos los días llueve. ¡Terminaremos pudriéndonos con tanta humedad!”. Si, con el paso de las horas, deja de llover, y le dices: “Finalmente, parece que no llovió tanto…”, te responde: “¡Sí! ¿A esto se le puede llamar ‘lluvia’? ¡Con razón se está secando la tierra!”. Y no se puede decir que tenga algún problema mental, sino que simplemente es una persona acostumbrada a quejarse por todo. ¡Hay que ser más racionales y dejar de pensar de una forma tan insensata!
(Traducido de: Cuviosul Paisie Aghioritul, Viața de familie, Traducere din limba greacă de Ieroschim. Ștefan Nuțescu, Editura Evanghelismos, București, 2003, pp. 157-158)