Palabras de espiritualidad

La paz y la quietud que vienen del Señor

  • Foto: Silviu Cluci

    Foto: Silviu Cluci

Cuando sientas una alegría y una paz semejantes, considérate profundamente indigno de ese don divino y repróchate sinceramente ante el Señor por no saber conservarlo.

Cuando comiences a orar, acuérdate de tus pecados y llora por ellos. Así es como debes orar. A veces sientes paz y alegría, y piensas que vienen del enemigo. Pero si vinieran del enemigo, como enseñan los Santos Padres, esa alegría sería confusa y no traería paz ni serenidad al alma.

Y no te sorprendas de que el Señor te conceda en la oración paz y quietud, porque esto no sucede siempre según nuestros méritos, sino conforme a los juicios insondables de Dios. Por eso, cuando sientas una alegría y una paz semejantes, considérate profundamente indigno de ese don divino y repróchate sinceramente ante el Señor, diciendo que, a causa de tu negligencia, no sabes conservar en ti ese don de Dios y por eso lo pierdes tan pronto.

(Traducido de: Ne vorbesc stareții de la Optina, Editura Egumenița, pp. 99-100)