La sublime labor de la Madre del Señor
No podemos separar a la Virgen María de nosotros ni ponerla en el mismo plano que Cristo. Ella está en el mismo plano que nosotros y, precisamente por eso, puede ayudarnos tanto.
La Virgen María vivió la unión más excelsa con Dios que el ser humano podría alcanzar. ¡Qué comprensión tuvo de su Hijo, qué comprensión del misterio del hombre —misterio que tiene su raíz en Dios—, qué comprensión de Dios encarnado! La importancia de la Madre de Dios proviene de su vínculo con Cristo. Esta unión suprema con Dios hecho hombre es la experiencia que se nos propone.
La Virgen María es el modelo del ser humano plenamente realizado. En ella hay una intimidad infinita con Dios y, al mismo tiempo, un respeto infinito: conocía la divinidad de Jesús de un modo que nosotros no conocemos, la conocía en su punto más alto. En Jesús, ella servía a Dios. En ella se encuentran, a la vez, el amor materno y el amor de quien es la servidora perfecta del Señor.
No podemos separar a la Virgen María de nosotros ni ponerla en el mismo plano que Cristo. Ella está en el mismo plano que nosotros y, precisamente por eso, puede ayudarnos tanto: muestra lo que puede llegar a ser una criatura humana cuando usa su libertad para unirse a la voluntad de Dios.
(Traducido de: Dumitru Stăniloae, Marc-Antoine Costa de Beauregard, Mica dogmatică vorbită. Dialoguri la Cernica, Editura Deisis, 2000, p. 184)
