No estoy solo
Quien quiere estar con Dios, tiene a Dios.
“Luz de mi alma oscurecida, mi esperanza, mi amparo, mi refugio, mi consuelo y mi alegría”. Esto es la Madre de Dios para nosotros: ella nos conduce a nuestro Señor Jesucristo, que quiso y quiere protegernos, ayudarnos y cubrirnos, del mismo modo que la gallina cobija a sus polluelos bajo sus alas.
Les pediría que, cuando vean una gallina extendiendo sus alas sobre sus pollitos, recuerden que el Señor dijo: “¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos como el ave reúne a sus polluelos bajo sus alas!” (Lucas 13, 34).
Nunca podemos estar solos cuando tenemos a Dios. Nunca estamos solos cuando tenemos a los santos de Dios. Nunca somos abandonados cuando Dios está con nosotros, cuando la Madre de Dios está con nosotros.
¿Saben quién está verdaderamente abandonado? Quien quiere estarlo: el que blasfema, el que miente, el que roba, el que provoca conflictos, el que bebe hasta embriagarse y causa males en su hogar. Esa persona no vive en la Gracia de Dios, y a ella podría decirle el Señor: “¡Cuántas veces quise reunirlos como la gallina reúne a sus polluelos bajo sus alas, pero ustedes no quisieron!”.
Quien quiere estar con Dios, tiene a Dios. Sus palabras se vuelven palabras de Dios; sus pensamientos, pensamientos de Dios; y sus sentimientos, sentimientos inspirados por Dios,
(Traducido de: Arhimandritul Teofil Părăian, Maica Domnului – Raiul de taină al Ortodoxiei, Editura Eikon, 2003, pp. 37-38)
