¡No temamos al enemigo!
Nosotros, los que caminamos por la senda de las virtudes, somos guiados por Dios Mismo, Quien nos promete fortalecernos en esta ascética lucha hasta el fin de los siglos: “Y he aquí que Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28, 20).
Aconsejémonos sobre cómo librarnos del ataque de losmalos pensamientos, del engaño y de las artimañas de los demonios. Verdaderamente, grande es la lucha que el demonio libra contra nosotros: tiene arcos poderosos, flechas encendidas, incontables redes, innumerables trampas y armas con las que busca, a toda costa, dañar el alma humana; y nosotros lo que queremos es entrar con plena seguridad y prontitud en las huestes del Rey celestial. No temamos a los enemigos que se oponen a toda obra buena; escuchemos más bien cuán alentadores son para nosotros los ejemplos de la Sagrada Escritura. Veamos a todos esos guerreros, a los reyes de la tierra, y saquemos una conclusión provechosa.
Los guerreros terrenales, teniendo junto a sí asistentes más fuertes y más hábiles que las fuerzas enemigas, no se atemorizan en modo alguno ante sus adversarios. Así, cuando están convencidos de que quienes los ayudan son invencibles, olvidando todo temor, marchan valerosamente al campo de batalla, combaten con firmeza y no abandonan su puesto hasta vencer a los enemigos y coronarse con laureles.
Y nosotros, los que caminamos por la senda de las virtudes, somos guiados por Dios Mismo, Quien nos promete fortalecernos en esta ascética lucha hasta el fin de los siglos: “Y he aquí que Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28, 20).
Entonces, sin dejarnos atemorizar por los ataques de los enemigos, atendamos aquel llamado: “tomad el escudo de la fe, con el que podréis apagar todas las flechas encendidas del maligno; y tomad el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios”.
(Traducido de: Filocalia de la Optina, traducere de Cristea Florentina, Editura Egumenița, Galați, 2009, p. 23)
