Palabras de espiritualidad

Nuestra defensa ante los ataques del enemigo

  • Foto: Stefan Cojocariu

    Foto: Stefan Cojocariu

Si nos ocupamos de nuestra propia salvación, no le permitiremos avanzar ni siquiera en las cosas más insignificantes.

El demonio nos ataca con una ferocidad sin igual y envidia nuestra salvación, cercándola por todos lados. Por eso estamos obligados a velar, a estar atentos y a defendernos de sus golpes, que pueden venir desde cualquier parte. Si encuentra siquiera el más pequeño pretexto, se preparará una entrada lo más grande posible y, sin que lo notemos, irá infiltrando en nosotros toda su fuerza.

Si nos ocupamos de nuestra propia salvación, no le permitiremos avanzar ni siquiera en las cosas más insignificantes, para así custodiar las más importantes. Sería algo incomprensible que él muestre un celo tan grande, esforzándose por perder nuestra alma, y que nosotros no demostremos ni siquiera un cuidado parecido al luchar por nuestra propia salvación, al menos equivalente al fervor que él pone en arrastrarnos a la perdición.

(Traducido de: Sfântul Ioan Gură de Aur, Diavolul și magia, culegere de texte patristice și traducerea lor în neogreacă de Ieromonah Benedict Aghioritul, traducere din neogreacă de Zenaida Anamaria Luca, Editura Agaton, Făgăraș, 2012, p. 53)