Para vencer las tentaciones en el seno de la familia...
Sepan que en una familia habrá paz en la medida en que todos los miembros del hogar se confiesen con su padre espiritual y participen de la vida de la Iglesia.
Esto es lo que les digo: si el demonio los aflige con fuertes perturbaciones y tribulaciones, o si ven que su esposo o su esposa está alterado, sepan que no deben reprocharle nada en ese momento. Lo mejor es decirse a sí mismos, como ya he dicho antes: “Déjalo para mañana; no le digas nada ahora. Mañana le diré lo que tenga que decirle”.
Solo así lograrán dejar de agitarse, evitar las discusiones, conservar la calma y no llegar a esos disgustos que muchos de ustedes conocen mejor que yo.
Ante cualquier motivo de enojo o de disputa, digan simplemente: “Lo dejaré para mañana; mañana le diré lo que tengo que decir. Pero hasta entonces soportaré todo por amor de Dios. Y mañana, si está tranquilo, hablaremos; le diré en qué se equivocó y veremos quién tiene razón”.
Es muy bueno perdonar con frecuencia a todas las personas. Hermanos, hay un dicho verdadero y sabio en nuestro pueblo, y conviene que lo conozcan. Dice así: “La ira del hombre nunca obra la justicia de Dios”.
Sepan que en una familia habrá paz en la medida en que todos los miembros del hogar se confiesen con su padre espiritual y participen de la vida de la Iglesia. Pero si no se confiesan, esa familia tendrá que soportar mayores pruebas y sufrimientos.
Alguien dijo con razón: “Una mujer puede hacer bueno a su esposo o puede hacerlo malo”. Una mujer juiciosa es aquella que es capaz de llevar a su esposo a la confesión, que puede levantarse de noche para orar junto a él, que le enseña a no juzgar injustamente a nadie y que lo ayuda a caminar por la senda de la salvación.
Por eso, no tenemos que discutir con nadie, ni guardar rencor en nuestro corazón, sino perdonar a todos. No libraremos a nuestra familia del demonio ni de las tentaciones de esta vida sino mediante una vida limpia y pura, sostenida por la confesión, el arrepentimiento y la participación fiel en la Iglesia.
Si viven de este modo, ustedes mismos verán cuán fácilmente podrán vencer todas estas pruebas.
(Traducido de: Părintele Proclu Nicău, Lupta pentru smerenie şi pocăinţă, Editura Agaton, Braşov, 2010, pp. 65-66)
