Por qué debemos tener un corazón grande
Hermanos, oren más por los demás que por ustedes mismos.
Cuando tengamos algún problema, nosotros mismos o alguna otra persona, pidamos también a los demás que oren y oremos todos juntos a Dios con fe y amor. Tengamos la certeza de que estas oraciones son agradables a Dios y que Él interviene obrando milagros. Esto es algo que no hemos comprendido bien. Lo hemos tomado de una manera demasiado simple y decimos: “¡Haz una oración por mí!”.
Hermanos, oren más por los demás que por ustedes mismos. Tienen que decir: “¡Señor Jesucristo, ten misericordia de mí!”, y llevar siempre a los demás dentro de ustedes. Todos somos hijos de un mismo Padre, todos somos uno; por eso, cuando oramos por los demás, podemos decir: “¡Señor Jesucristo, ten misericordia de mí!”, y no “ten misericordia de ellos”. De esta manera, los hacemos uno con nosotros mismos.
La oración por los demás, cuando se hace serenamente y con un amor profundo, es desinteresada y aporta un gran beneficio espiritual. Atrae la Gracia tanto sobre quien ora como sobre aquel por quien se ora.
(Traducido de: Ne vorbeşte părintele Porfirie – Viaţa şi cuvintele, traducere din limba greacă de Ieromonah Evloghie Munteanu, Editura Egumeniţa, 2003, p. 223)
