¡Practiquemos la más profunda humildad!

 

Nuestro Mismo Señor demostró una humildad sin límites, un amor sin límites, una obediencia sin límites. Estas tres virtudes son absolutamente necesarias para que el hombre pueda salvarse.

El Señor tomó un cuerpo para venir al mundo y asumió la naturaleza humana, porque Dios está rodeado de un fuego tan fuerte, que habría quemado al mundo y sus habitantes: ‟¿Es posible ver a Dios y seguir viviendo?”. ¡En verdad, qué grande es la humildad de Dios! ¿Es tan complicado que el hombre se postre ante semejante humildad de Cristo, humillándose a sí mismo? Ciertamente, no.

Nuestro Mismo Señor demostró una humildad sin límites, un amor sin límites, una obediencia sin límites. Estas tres virtudes son absolutamente necesarias para que el hombre pueda salvarse. Humíllate lo más que puedas, incluso llegando a esperar que los demás te consideren un engendro, algo repulsivo. El Apóstol Pablo dice: “Hemos llegado a ser como la basura del mundo… unos locos por Cristo”.

(Traducido de: Părintele Efrem Athonitul, Despre credință și mântuire, tradusă de Cristian Spătărelu, Editura Bunavestire, Galaţi, 2003, p. 16)