Que el amor sea nuestra consigna

 

Si hay amor, el hombre es capaz de soportar todo. Incluso las ofensas, la tristeza, las tentaciones y los pensamientos…  

Esmerémonos en cultivar el amor. Si leemos el Evangelio de San Juan todos los días, grande será el provecho para nuestra alma. Amemos mucho a San Juan y aferrémonos a él. Vayamos a donde él vaya, tomándolo de la mano. Demostrémosle nuestra devoción y, en nuestra oración, pidámosle con fervor que nos ayude a apartarnos del mal y a alcanzar la divina pureza.

Si hacemos esto, aunque venga alguien y nos insulte o nos ofenda, nosotros no le daremos ninguna importancia, sino que le responderemos: “¡Que Dios te bendiga!”. ¿Qué son los insultos, ante todo el bien que recibimos? No les daremos ninguna importancia. La mente de San Juan era completamente luminosa. Era como esa luz a la que nada puede acercarse, por ser tan fuerte su resplandor. Así, amémoslo mucho y pidámosle su ayuda, porque él solía hablar mucho sobre el amor: “Hijos míos, no nos amemos de palabra ni de boca… (I Juan 3, 18). ¡Qué hermoso! Si hay amor, el hombre es capaz de soportar todo. Incluso las ofensas, la tristeza, las tentaciones y los pensamientos… o los sucesos trágicos, como las guerras, los terremotos, las catástrofes naturales, etc. ¡Tan grande es el auxilio de la Gracia!

(Traducido de: Stareța Macrina Vassopoulos, Cuvinte din inimă, Editura Evanghelismos, pp. 199-200)