Que el Evangelio sea como un espejo para nosotros

 

Dejándose guiar por el Evangelio, el cristiano renuncia a la enemistad, a la ira, a condenar a sus semejantes y a todo aquello que se opone al amor.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

“El Señor reprueba la balanza falsa, pero el peso justo le agrada” (Proverbios 11, 1). El amor mundano ofrece solamente cosas terrenales a quien ama, y ni siquiera piensa en las cosas celestiales.

Este amor se rebela en contra del Cielo y el Espíritu Santo, porque el Espíritu pide la crucifixión del cuerpo. Se rebela en contra del Cielo y Espíritu Santo, porque es gobernado por el espíritu astuto, que es impuro y lleva a la perdición. Acerquémonos al Evangelio, amado hermano, y veámonos en él como en un espejo. Viéndonos en él, despojémonos de el ropaje que nos puso la caída (en peado), y vistámonos con el atuendo nuevo que Dios nos ha preparado.

Ese atuendo nuevo es Cristo: “Los que habéis sido bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo” (Gálatas 3, 27). “Seréis revestidos de poder desde lo alto” (Lucas 24, 49), dijo el Señor sobre aquel atavío. Los cristianos se visten con las virtudes de Cristo, por medio de la acción del Bondadosísimo Espíritu.

Para el cristiano es posible revestirse con dicho atuendo. “Revestíos del Señor Jesucristo, y no os preocupéis por satisfacer los deseos de la carne” (Romanos 13, 14), dice el Apóstol.

Luego, dejándose guiar por el Evangelio, (el cristiano) renuncia a la enemistad, a la ira, a condenar a sus semejantes y a todo aquello que se opone al amor.

El Evangelio nos ordena orar por nuestros enemigos, bendecir a quienes nos maldicen, hacer el bien a los que nos odian y perdonar a nuestro semejante, sin importar lo que haga en contra de nosotros. Si quieres seguir a Cristo, esfuérzate en cumplir estos mandamientos con tus actos.

(Traducido de: Sfântul Ignatie Briancianinov, Despre înșelare, Editura Egumenița, Galați, 2010, p. 139)