Que todos conozcan los milagros que el Señor ha hecho con nosotros
“A Él sometámonos también nosotros, y no tropezaremos con nada terrenal, sino que todos caminaremos hacia el Cielo”.
Pero tú, fíjate bien de dónde recibe el pueblo la sabiduría. Pues el pueblo, al ver a Lázaro resucitado de entre los muertos, no ocultó el milagro, sino que lo dio a conocer a todos, dando testimonio y proclamando la verdad. Y, nuevamente, al oír ese testimonio, la gente no se quedó en casa por pereza, sino que en el mismo instante corrió a ver a Jesús, para ver también a Lázaro, pero sobre todo para abrazar al mismo Jesús y, con corazón puro, alabarlo y honrarlo como el Benefactor de todos.
Así pues, también nosotros, amadísimos, imitemos a esas personas: no ocultemos los milagros de Dios, sino anunciémoslos a todos. Y no hablemos de ellos con desgano, porque nosotros mismos nos condenaríamos, sino que avancemos con valentía por el buen camino, sin escatimar esfuerzo alguno, cual ofrenda al Benefactor de todos; vayamos a Su encuentro, caminando sin vacilar. Esto es lo que ofrecemos a Jesucristo, esto es lo que hacemos para Él, con la mirada puesta no en el suelo, sino aspirando a las alturas del Cielo.
Allí tenemos que dirigir toda nuestra mente. Nuestra patria está en los Cielos (Filipenses 3, 20). Y otra vez: “Mantened la mente en las cosas de arriba” (Colosenses 3, 2). ¿Qué significa este mandato? Pablo, el gran proclamador de la Verdad, lo ha dicho: “A Él sometámonos también nosotros, y no tropezaremos con nada terrenal, sino que todos caminaremos hacia el Cielo”.
(Traducido de: Sfântul Iov de la Poceaev, Viața. Cuvinte de învățătură. Acatistul, Editura Cartea Ortodoxă & Sophia, București, 2008, p. 27)
