¿Quién puede esconderse de Dios?
Si no podemos oponernos ni huir de la presencia del Señor (Jonás 1, 3), hágamonos siervos de nuestro Dios y Señor.
¿A dónde iremos o hacia dónde podríamos huir, sin estar frente a Dios (Salmos 138, 7)? Porque si subimos al Cielo, allí lo encontraremos, y si bajamos al infierno, también allí está Él (Salmos 138, 8); aunque llegáramos a los confines del mar, no podríamos huir de Su diestra, porque Su diestra siempre sostendrá nuestros cuerpos y nuestras almas (Salmos 138, 9-10).
Así pues, si no podemos oponernos ni huir de la presencia del Señor (Jonás 1, 3), hagámonos siervos de nuestro Dios y Señor, Quien por nosotros asumió un cuerpo de siervo (Filipenses 2, 7) y por nosotros murió. Humillémonos bajo Su diestra poderosa (I Pedro 5, 6), que hace brotar para todos la vida eterna y, por medio del Espíritu Santo, la comunica con abundancia a quienes la buscan.
(Traducido de: Sfântul Simeon Noul Teolog, Cateheze. Scrieri II, Editura Deisis, Sibiu, 2003, p. 29)
