¡Quiero volver a Ti, Señor!
Eso —y solamente eso— es el arrepentimiento: el profundo deseo de volver, de regresar, de recuperar el hogar perdido.
El arrepentimiento suele identificarse con una enumeración fría y “objetiva” de pecados y faltas, como si se tratara de un alegato de culpabilidad ante una acusación jurídica. La confesión y la absolución de los pecados se consideran entonces como actos de carácter legal. Sin embargo, en esta visión se omite algo esencial, algo sin lo cual ni la confesión ni la absolución tienen verdadero significado ni fuerza real. Ese “algo” es precisamente el sentimiento de haberse alejado de Dios, de haberse apartado de la alegría de la comunión de la Gracia con Él, de la verdadera vida creada y dada por Dios.
En realidad, es fácil confesar que no he ayunado en los días establecidos, que no he hecho mis oraciones o que me he enojado sin razón. Pero es algo muy distinto darse cuenta, en un momento dado, de que he mancillado y perdido la belleza de mi alma, de que estoy lejos de mi verdadero hogar, lejos de mi verdadera vida, y de que algo precioso, puro y hermoso se ha quebrado en lo más íntimo de mi existencia.
Eso —y solamente eso— es el arrepentimiento: el profundo deseo de volver, de regresar, de recuperar el hogar perdido.
(Traducido de: Preotul Alexander Schmemann, Postul cel mare, Editura Univers enciclopedic, București, 1995, p. 22)
