San Nicolás ayuda a una joven en peligro

3 Noviembre 2016 Palabras de espiritualidad
 

Entonces, levanté los ojos hacia el cielo y, con todo mi corazón, dije: “¡Señor, Milagroso Nicolás, ayúdenme!”.

Lo que voy a relatar tuvo lugar en 1978, cuando tenía yo diecinueve años. Una fría tarde fui a visitar a una amiga. Cuando noté que ya había entrado la noche, me despedí de ella y me puse de camino a casa. Al llegar a mi vecindario ya no había nadie en la calle, porque eran cerca de las once de la noche. Quizás porque era muy joven en ese entonces, no me daba miedo caminar sola por una calle a oscuras. Sentía que nada malo me podía pasar y, gracias a mi imprudencia, no ví que desde un portal en penumbras me observaba un individuo.

Cuando pasé frente a ese lugar, aquel hombre comenzó a seguirme. Presintiendo que algo malo me iba a pasar, quise correr, pero no pude: una mano me cogió fuertemente del brazo y me retuvo. Aquel hombre comenzó a arrastrarme hacia su portal, a pesar de mis vanos intentos de oponer resistencia. Comencé a suplicarle: “¡Déjeme en paz!”, pero él me respondió: “¡Cállate, que te mato!”. Alrededor, silencio y oscuridad. ¿Quién me hubiera podido ayudar? Entonces, levanté los ojos hacia el cielo y, con todo mi corazón, dije: “¡Señor, Milagroso Nicolás, ayúdenme!”.

Y un milagro ocurrió. Aquella mano simplemente me soltó. El individuo que me halaba y que me había amenazado se quedó callado e inmóvil. Yo corrí, mas él ni siquiera intentó seguirme. Parecía como petrificado. Pronto llegué a casa y les conté a todos lo sucedido.

Han pasado ya muchos años de aquel incidente, pero no he podido olvidar lo ocurrido en aquella noche de otoño, cuando pude sentir el poder milagroso de Dios y San Nicolás, Milagroso. (Ludmila)

(Traducido de: Noi minuni ale Sfântului Nicolae, Editura Sophia, 2004, pp. 45-46)