Sanar por medio de la oración
¡Gloria a Ti, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo!
Una oración que brota del corazón, acompañada de lágrimas, limpia los pecados, pero no solo eso. Sana también las enfermedades y las debilidades del alma, renueva todo el ser de la persona, la hace renacer, me atrevería a decir (lo sé por experiencia).
¡Oh, qué don tan precioso es la oración!
¡Gloria a Ti, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo! ¡Gloria a Ti, Hijo de Dios, Unigénito, que nos fuiste dado como mediador para el perdón infinito de los pecados! ¡Gloria a Ti, Espíritu Santísimo, que intercedes por nosotros con “inefables suspiros” (Romanos 8, 26)!
(Traducido de: Sfântul Ioan de Kronstadt, Viața mea în Hristos, traducere de Boris Buzilă, Editura Sophia, București, 2005, p. 132)
