Tener un padre espiritual nos ayuda a ser humildes

 

Aquellos que, debido a su estado de pecado, no pueden ser conducidos solamente por Dios, de forma directa, necesitan un guía, un pastor.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

Cuando viajamos de noche, no es el sol quien nos ilumina, sino su luz al ser reflejada por la luna. En el Monte Sinaí, de 600,000 israelitas, solamente Moisés recibió la luz de Dios. Y, más tarde, él la irradió al pueblo entero. Entonces, también aquellos que, debido a su estado de pecado, no pueden ser conducidos solamente por Dios, de forma directa, necesitan un guía, un pastor. Nadie puede negar que David fue uno de los más inspirados poetas y profetas. Y, con todo, no pudo ver su crimen y su adulterio, sino cuando se lo señaló el profeta Natán. Así las cosas, tenemos que aprender a ser como Moisés, para así recibir los mandamientos de Dios directamente, e imitar también a David, pero siendo capaces de ver nuestros propios pecados y faltas. Entonces, es muy importante tener un padre espiritual.

Los ancianos del Paterikón, quienes eran muy hábiles para reconocer las trampas del demonio y tenían una gran experiencia en lo que respecta a renunciar a nuestra voluntad, cuando somos guiados por un padre espiritual, nos dejaron algunas directrices aplicables aún hoy. Dijeron ellos: “Si ves al inexperto elevándose al cielo, cógelo del pie y haz que pise nuevamente la tierra, porque lo primero no es de provecho para él”, “Si alguien hace algo para Dios, pero dejándose llevar por su propia voluntad, no es para Dios lo que hace, sino que constituye un acto de ignorancia, porque no quiere obedecer a los más experimentados; por eso, le resultará trabajoso encontrar el camino que lleva a Dios”.

(Traducido de: Arhimandritul Paulin LeccaAdevăr și Pace, Tratat teologic, Editura Bizantină, București, 2003, pp. 98-99)