¡Tienes que estar siempre preparado para encontrarte con Cristo!

 

Al arrepentirse, avanza, trabajando el espíritu con sutileza. Al crecer el amor a Dios y al semejante, disminuye también el amor propio. Entonces, las palabras de San Pablo toman un valor especial: “Nada nos podrá separar del amor de Cristo”.

“—Preparémonos. Si el hombre no siembra, ¿Cómo le concederá Dios que crezca su semilla? El hombre debe sembrar y, de acuerdo a lo que siembre, Dios le dará. Hasta en el ejército se dice insistentemente a los soldados: ¡Estén preparados!”.

Pero, Padre, ¿Cómo debemos prepararnos?

“—¿Cómo saber si estamos preparados? Al igual que en el ejército, cuando los soldados permanecen atentos, vistiendo su uniforme de combate y con las armas cargadas, a la espera de que venga la orden de actuar.”

¿Cuánto puede durar esa espera?

“—Depende. El monje debe estar siempre listo, y entonces ya nada le asustará. ¿Y qué habría de temer? ¿La muerte? ¡Pero si ella le abrirá las puertas del Cielo, porque bajo la lápida se esconde siempre la llave de la eternidad! Por eso, el monje debe hallarse siempre en estado de contrición, porque la muerte puede sobrevenirle en cualquier momento. El haberse alejado del mundo y el hábito que viste dan testimonio de ello. Al arrepentirse, avanza, trabajando el espíritu con sutileza. Porque, al crecer en él el amor a Dios y al semejante, disminuye también su amor propio. Entonces, las palabras de San Pablo toman un valor especial: “Nada nos podrá separar del amor de Cristo”. (Romanos 8, 35)”.

(Traducido de: Cuviosul Paisie Aghioritul, Cuvinte duhovnicești. Volumul 2. Trezvie duhovnicească, traducere de Ieroschimonah Ștefan Nuțescu, ediția a doua, Editura Evanghelismos, București, 2011, pp. 262-263)

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