Palabras de espiritualidad

¡Tuyo es el buen resultado de mi esfuerzo, Señor!

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Cuando alcances algún logro, di: “Señor, mía es sólo la perseverancia y Tuya es la culminación de este esfuerzo”.

Los más grandes eruditos no llegaron a conocer la verdad de muchos de los grandes misterios con su sola mente, sino que, con un anhelo ferviente y con su esfuerzo, llamaron a la puerta de los misterios, y Dios se los reveló. Cuando el hombre ha deseado conocer las cosas y sus leyes, Dios se las ha dado a conocer según su deseo y su empeño. Si los sabios hubieran buscado con el mismo deseo y esfuerzo el conocimiento de Dios, Dios se habría revelado a Sí mismo del mismo modo en que les reveló la radio y la gravedad.

Los grandes descubridores de los grandes misterios de la naturaleza siempre huyeron de los elogios, porque comprendían que todo su mérito consistía únicamente en haber llamado a la puerta de los misterios; pero la puerta de los misterios de la naturaleza la abrió Aquel que tiene en Sus manos las llaves de todos los misterios del cielo y de la tierra (Lucas 11, 5-8). Por eso, cuando alcances algún logro, di: “Señor, mía es sólo la perseverancia y Tuya es la culminación de este esfuerzo”.

Pero, si te comportas de otro modo y te dejas embriagar por los encomios de los demás, debes saber que también el cielo se comportará contigo del mismo modo que el mundo se comporta con el ladrón.

(Traducido de: Sfântul Nicolae Velimirovici, Învățături despre bine și rău, Editura Sophia, București, 2006, p. 81)