Palabras de espiritualidad

Un diálogo con Dios, desde la profunda sed del alma

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Ten misericordia de mí, para que pueda hablar. Y yo mismo, ¿quién soy para Ti, para atreverme a ordenarme que te ame y para que, si no lo hago, te irrites conmigo y me amenaces con inmensos sufrimientos?

¿Quién me concederá descansar en Ti? ¿Quién hará que vengas a mi corazón y lo embriagues, para que olvide mis males y pueda abrazar a mi único bien, a Ti?

¿Qué eres para mí? Ten misericordia de mí, para que pueda hablar. Y yo mismo, ¿quién soy para Ti, para atreverme a ordenarme que te ame y para que, si no lo hago, te irrites conmigo y me amenaces con inmensos sufrimientos?

¿Acaso sería pequeño el sufrimiento de no amarte? ¡Ay de mí! Dime, por tu misericordia, ¿qué eres Tú para mí?

Di a mi alma: “Yo soy tu salvación”. Correré tras esa voz y te alcanzaré. ¡No escondas de mí Tu Rostro!

Que muera para no morir, y así poder contemplarlo.

(Traducido de: Fericitul AugustinMărturisiri, traducere de Pr. Prof. Nicolae Barbu, în Părinți și Scriitori Bisericești, vol. 64, Editura Institutului Biblic și de Misiune al Bisericii Ortodoxe Române, București, 1985, p. 65)


 

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