Un medicamento universal

 

No son los paganos, sino nosotros, los cristianos, quienes apresuramos el fin del mundo, porque hemos dejado de amarnos.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

Un gran asceta dijo: “¿Sabéis cuándo vendrá el fin del mundo? Cuando no haya un camino que una a cada hombre con el otro”. Cuando ya no exista ese camino entre papá y mamá, entre padres e hijos, entre niños y la iglesia. Cuando muera el amor y nos dediquemos por completo a los negocios, las ganancias, las mentiras y los viajes por otros países... por muy ricos que seamos.

No son los paganos, sino nosotros, los cristianos, quienes apresuramos el fin del mundo, porque hemos dejado de amarnos.

El medicamento del mundo no es la estreptomicina o no sé qué otro preparado. La salvación del mundo es el amor. ¡Perdónense, ámense, visítense, anímense mutuamente, ayúdense!

(Traducido de: Mi-e dor de Cer, Viața părintelui Ioanichie Bălan, Editura Mănăstirea Sihăstria, 2010, p. 528)