Una semana llena de regocijo
Todas las fiestas que celebramos a lo largo del año litúrgico son, en general, ocasiones de gozo; pero la Santa Pascua es la cumbre de la alegría de nuestra fe cristiana, la cima de nuestra fe ortodoxa.
La Santa Pascua y la Semana Luminosa (o Resplandeciente) se distinguen mucho de los demás días y semanas del año, porque representan un gran desbordamiento de alegría: de Dios hacia el hombre, del hombre hacia Dios y del hombre hacia los demás. La Santa Pascua y la Semana Luminosa son entendidas en nuestra Iglesia como el Paraíso del año litúrgico. Nos crean una atmósfera semejante a la del Paraíso. Por eso decimos que esta semana es una semana de luz, que nos recuerda el Paraíso y sus alegrías. Tal como en el Paraíso hay una alegría inefable y gloriosa, así también en la Santa Pascua y en la Semana Luminosa hay una alegría que está por encima de toda alegría.
Todas las fiestas que celebramos a lo largo del año litúrgico son, en general, ocasiones de gozo; pero la Santa Pascua es la cumbre de la alegría de nuestra fe cristiana, la cima de nuestra fe ortodoxa. «¡Día de la Resurrección! ¡Pueblos, iluminémonos! ¡Pascua del Señor, Pascua! Porque de la muerte a la vida y de la tierra al cielo, Cristo Dios nos ha hecho pasar a nosotros, que le cantamos el himno de victoria» es el primer canto, la composición que escuchamos en el canon de la Santa Pascua.
(Traducido de: Părintele Teofil Părăian, Sfintele Paști în cultul ortodox, Editura Doxologia, Iași, 2013, p. 19-20)
