Amar al otro, sin importar cuáles y cuántos defectos tiene

 

¿Quién sabe lo que cada uno tiene en el alma, cuál es su pasado, su estado de salud? Puede que frente a ti se muestre como una persona difícil, ¿pero sabes lo que hace en el silencio de su recámara?

Observemos solamente lo mejor que hay en el otro. Dejemos de ver lo malo. ¡Perdonemos! Preguntémonos por qué él es así. Talvez lo castigaron demasiado cuando era pequeño, o lo encerraron en algún sitio. ¿Quién sabe lo que cada uno tiene en el alma, cuál es su pasado, su estado de salud? Puede que frente a ti se muestre como una persona difícil, ¿pero sabes lo que hace en el silencio de su recámara? Talvez hace muchas postraciones, o llora ante los íconos… O tiene remordimientos por su forma de ser, y le cuesta pedir perdón.

Amemos a cada uno en toda su excentricidad, porque cada uno de nosotros tiene sus propias necedades, pero nos las perdonamos. ¡Por eso es que debo perdonar también a mi semejante! ¿Por qué te aceptas a ti mismo tal como eres, pero quieres que el otro sea diferente, “ya que así lo piden el Evangelio y los Santos Padres”? Tienes que aprender a ver a tu semejante en toda su complejidad, con todos sus defectos, porque también a él lo llamó el Señor a ser bautizado, otorgándole una gran cantidad de dones. Además, tú no sabes cómo juzga Dios. Y una cosa más: se sabe que las personas con defectos muy evidentes guardan en su interior inmensos dones que Dios prefiere mantener ocultos. Porque si le concediera abiertamente sólo dones, la persona terminaría envaneciéndose, y esto destruiría todo. Cuando Dios da Sus dones, también nos da algún defecto, alguna imperfección.

(Traducido de: Ieromonahul Savatie Baștovoi, A iubi înseamnă a ierta, Editura Cathisma, București 2010, pp. 82-83)