Amar a quien nos daña
Una persona que juzga a los demás no ama a Cristo ni respeta Sus mandamientos. Nuestro egoísmo es el culpable: no nos permite amar a quienes nos hacen daño.
En primer lugar, nunca debemos esperar que los demás nos hablen con amabilidad. Esta expectativa que tenemos de los demás pone de manifiesto un rasgo de nuestro egocentrismo. Debemos dejar que quienes nos rodean hablen como quieran. El padre Porfirio decía: “No debemos convertirnos en mendigos de amor. ¿Qué debemos hacer nosotros? Debemos amar a todos y orar por ellos con toda el alma”.
Pero ¿qué debemos hacer cuando alguien nos insulta o habla mal de nosotros?
El mismo padre Porfirio nos enseña que, cuando alguien nos ofende de alguna manera, debemos pensar que es nuestro hermano, pero que en el momento en que nos ofendió o habló mal de nosotros estaba bajo el dominio del demonio. Tengamos compasión de él y pidamos a Dios que tenga misericordia de él y de nosotros.
Una persona que juzga a los demás no ama a Cristo ni respeta Sus mandamientos. Nuestro egoísmo es el culpable: no nos permite amar a quienes nos hacen daño. El padre Porfirio nos ofrece un ejemplo:
«Supongamos que alguien está solo en el desierto. De pronto, escucha a lo lejos una voz que grita pidiendo ayuda. Sigue la dirección de donde proviene el sonido y llega al lugar de los hechos. Allí se encuentra con algo terrible: un tigre ha sujetado con fuerza a un hombre y lo está desgarrando con sus garras. El hombre pide ayuda desesperadamente. En pocos minutos habrá sido despedazado. ¿Cómo podría ayudarlo la otra persona? Es imposible. ¿Quizá podría gritar pidiendo ayuda? ¿Quién podría oírlo? ¿Debería tal vez tomar una piedra y matar al tigre? De ninguna manera, diríamos nosotros.
Exactamente lo mismo sucede con las personas que nos rodean, que nos hacen daño y a quienes nosotros debemos amar. Solo que las personas que nos hacen daño no están siendo desgarradas por un tigre, sino por un demonio».
No nos damos cuenta de que, cuando respondemos con odio a una persona que nos odia, lo único que hacemos es herirla todavía más y permitir que el “tigre” que la dominaba a ella termine dominándonos también a nosotros.
¿Cómo amamos a nuestro prójimo? ¿Cómo amamos a Dios? Debemos compadecernos de quienes nos odian y desean nuestro mal, y amarlos... «Así que, todo lo que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la Ley y los Profetas» (Mateo 7, 12).
