¡Amor y compasión, hermano!

 

Que te convenza el ejemplo de las vírgenes imprudentes, quienes se quedaron sin aceite para sus lámparas. ¿De qué les sirvieron sus demás virtudes, si fueron apartadas del recinto celestial?

Si no te asemejas a aquel que dijo: “voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres; y si he estafado a alguien, le devolveré cuatro veces más”, Cristo no entrará en tu casa y tampoco escucharás de Él: “Hoy ha entrado la salvación en esta casa” (Lucas 19, 9). Lo único que Él nos pide es compasión con los necesitados y un amor puro hacia Él y hacia todos nuestros semejantes.

Sin esto, todo lo demás es estéril, como el ayuno y las largas vigilias en oración. Porque “misericordia quiero, y no sacrificios”, dice el Señor. Que te convenza el ejemplo de las vírgenes imprudentes, quienes se quedaron sin aceite para sus lámparas. ¿De qué les sirvieron sus demás virtudes, si fueron apartadas del recinto celestial?

(Traducido de: Sfântul Maxim GreculViața și cuvinte de folos, Editura Bunavestire, Galați, 2002, p. 40)