Cómo hacernos desde aquí un buen lugar en la eternidad
En la vida presente, nuestras obras son la siembra; la vida futura será la cosecha de lo que aquí hayamos sembrado.
Cuando el alma aprende la ley de Dios y el cuerpo se somete a la sabiduría del alma, entonces se manifiestan estos frutos: el amor a Dios y al prójimo, la paz con todos, la mansedumbre, la sencillez, la benevolencia, la misericordia hacia todos, la modestia, la continencia, la pureza, la ausencia de malicia y otras virtudes semejantes. Estas obras son los frutos del Espíritu Santo y reciben el nombre de siembra en el Espíritu.
En la vida presente, nuestras obras son la siembra; la vida futura será la cosecha de lo que aquí hayamos sembrado. Quien siembre en esta vida, allí recogerá el fruto. Si alguien se esfuerza por cultivar y mejorar el campo de su corazón, sembrándolo con las semillas de la vida eterna, sin duda podrá contemplar, después de la siembra, también la cosecha, para su paz y satisfacción eternas.
Quien siembre con lágrimas de arrepentimiento, cosechará con alegría, y entonces “quedarán saciados”, como dice el Profeta (Salmos 125 [126], 5), porque tras los trabajos de la piedad viene un descanso lleno de consuelo. En cambio, aquel que no se esfuerza en la obra de la piedad no encuentra ni paz ni saciedad, pues está escrito: “El que no quiera trabajar, que tampoco coma”.
(Traducido de: Starețul Moise de la Optina, Editura Doxologia, Iași, 2013, p. 200)
