“Concédeme, Señor, ver mis propias faltas y no condenar a mi hermano”

 

El verdadero cristiano debe situarse en el polo opuesto: sin provocar acusaciones en contra de sí mismo, debe aceptarlas con serenidad y no culpar a nadie más.

Al fariseo moderno, sea moralista o amoral, le gusta mucho “fabricar” culpables a su alrededor, creyendo que así está sirviendo a la verdad. Vanidoso, culpable él mismo, no acepta su propia culpabilidad, sino que la arroja agresivamente sobre los hombros de otros. El verdadero cristiano debe situarse en el polo opuesto: sin provocar acusaciones en contra de sí mismo, debe aceptarlas con serenidad y no culpar a nadie más, orando: “Concédeme, Señor, ver mis propias faltas y no condenar a mi hermano”.  Así, arrepintiéndose, debe perdonar sinceramente a quienes le ofenden.

(Traducido de. Părintele Porfirie, Antologie de sfaturi și îndrumări, Traducere din limba greacă de Prof. drd. Sorina Munteanu, Editura Bunavestire, Bacău, pp. 219-220)