Confiar en el poder de la Madre del Señor
Si la Madre de Dios no estuviera en los Cielos, entre la Santísima Trinidad y nosotros, este mundo ya se habría perdido hace mucho tiempo. Ella permanece siempre de rodillas, orando ante la Santísima Trinidad.
¿Han visto cómo la Iglesia exalta a la Madre de Dios? “Trono de los Querubines, Virgen”. ¿Han escuchado el himno de San Basilio? ¿Han oído que “su vientre fue creado más grande los Cielos”?
La Madre de Dios fue el tesoro y la fuente de todos los dones del Espíritu Santo. (…)
Veneremos como es debido, hermanos, a la Virgen María. Dichosa la casa y dichosa la familia que tiene en su hogar un ícono de la Madre de Dios, y que cada mañana le lee el Acatisto y su venerable Paráclesis, y donde todos conocen oraciones dirigidas a la Madre de Dios. Mucho pueden los santos de Dios, pero ninguno tanto como la Madre de Dios.
Si la Madre de Dios no estuviera en los Cielos, entre la Santísima Trinidad y nosotros, este mundo ya se habría perdido hace mucho tiempo. Ella permanece siempre de rodillas, orando ante la Santísima Trinidad.
(Traducido de: Ne vorbește părintele Cleopa, volumul 7, ediția a treia, Editura Mănăstirea Sihăstria, Vânători-Neamț, 2010, pp. 21-22)
