Palabras de espiritualidad

Conocer a Dios y participar de Él...

  • Foto: Benedict Both

    Foto: Benedict Both

El propósito de la vida en la tierra es el conocimiento de Dios, que comienza con el perdón de los pecados y continúa con la comunión con Dios, la cual se obtiene por la Confesión y la participación en la Santa Comunión.

La Comunión es el Sacramento en el cual, bajo la forma del pan y del vino, se participa al fiel el mismo Cuerpo y la misma Sangre de nuestro Señor Jesucristo, para el perdón de los pecados y para la vida eterna, haciéndose presente al mismo tiempo, de modo real y sin sangre, el Sacrificio del Salvador en la Cruz. Este Sacramento se ofrece también como sacrificio por todos, vivos y difuntos, en la esperanza de la resurrección y de la vida eterna.

La institución de este Sacramento tuvo lugar en la Última Cena, en el Jueves Santo: «Tomad, comed; este es Mi Cuerpo, que por vosotros se parte para perdón de los pecados. Bebed de ella todos; esta es Mi Sangre, de la Nueva Alianza, que por vosotros y por muchos se derrama para perdón de los pecados». Del mismo modo se dice en Juan 6, 54: «El que come Mi Cuerpo y bebe Mi Sangre tiene vida eterna, y Yo lo resucitaré en el día postrero».

¡Qué camino tan fácil nos ha dado Dios para el perdón de los pecados, y nosotros permanecemos en el pecado, morimos y vamos al infierno, perdiéndonos la vida eterna! Pero ¿qué es la vida eterna? Dice el Santo Apóstol Juan (17, 3): «Y esta es la vida eterna: que Te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado». Por tanto, el propósito de la vida en la tierra es el conocimiento de Dios, que comienza con el perdón de los pecados y continúa con la comunión con Dios, la cual se obtiene por la Confesión y la participación en la Santa Comunión.

(Traducido de: Sfântul Ioan Iacob Românul, Din Ierihon către Sion, Ierusalim 1999, p. 15)



 

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