Cristo, nuestro amor, nuestra alegría

 

Ayuna cuanto puedas, haz cuantas postraciones puedas, gózate con cuantas vigilias puedas... solamente sé feliz. Conserva la alegría en Cristo.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

Cristo es alegría, luz verdadera, felicidad. Cristo es nuestra esperanza. El vínculo con Cristo es amor, fervor y anhelo encendido de las cosas divinas. Cristo es todo. Él es todo. Él es nuestro amor. El amor de Cristo es uno que no podría morir jamás. De él brota todo regocijo. Y Cristo es la alegría misma. Es una alegría que te transforma. Es una “locura” espiritual, pero en Cristo. Es como un vino puro que te embriaga espiritualmente. Así lo dice David: “Tú preparas ante mí una mesa frente a mis adversarios; unges con óleo mi cabeza, rebosante está mi copa” (Salmos 22, 5). El vino espiritual es puro; es fuerte también, porque te embriaga cuando lo bebes. Esta “embriaguez espiritual” es el don de Dios que se otorga a los “puros de corazón”.

Ayuna cuanto puedas, haz cuantas postraciones puedas, gózate con cuantas vigilias puedas... solamente sé feliz. Conserva la alegría en Cristo. Esta es una felicidad que dura para siempre, que contiene en sí misma a la felicidad eterna. Es la alegría plena de toda la Gracia, que supera cualquier otra alegría. Cristo desea y siente gozo cuando Su felicidad se multiplica, cuando enriquece a los cristianos con ese contento. Oro para que nuestra alegría sea plena (I Juan 1, 4). Esta es nuestra religión. Hacia ese punto debemos avanzar. Cristo es el Paraíso, hijos míos. ¿Qué es el Paraíso? Es Cristo. El Paraíso empieza aquí mismo. Es exactamente lo mismo: quienes viven a Cristo aquí en la tierra, viven el Paraíso... Este gozo es el don de Cristo. En esta alegría lo conoceremos a Él.

(Traducido de: Părintele Porfirie, Ne vorbește părintele Porfirie, Editura Egumenița, p. 163-164)