Cuando en nuestro interior no hay humildad, sino orgullo...
No deben buscar estos dones, sino considerarse indignos de ellos y ocuparse de sus propios pecados, no de las virtudes.
Se entristecen al ver que su alma se encuentra en un estado de indiferencia e insensibilidad; pero ¿qué esperaban? Sin duda: sentir el calor de la oración, la humildad, las lágrimas y otras cosas semejantes. Sin embargo, si hubieran tenido tal estado interior, ¿saben qué habrían padecido? Tal vez habrían pensado que habían alcanzado el estado de felicidad y que ya habían llegado, o estaban cerca, de la meta final: la salvación.
Por el contrario, considero que esto les habría dañado, porque no tienen ni rastro de humildad. Y estas virtudes, y otras semejantes, pueden incluso causar la perdición de quienes no poseen humildad. Pero si se ven privados de estos sentimientos, es decir, de estas virtudes, y si tienen conciencia de su pobreza espiritual, todo ello debería conducirlos a la humildad.
En verdad, no deben buscar estos dones, sino considerarse indignos de ellos y ocuparse de sus propios pecados, no de las virtudes. Y la turbación que sienten muestra que no hay humildad en ustedes, sino orgullo espiritual.
(Traducido de: Filocalia de la Optina, traducere de Cristea Florentina, Editura Egumenița, Galați, 2009, p. 19)
