De la confianza absoluta en Dios

 

Dios no se fija si el hombre se halla en pecado o en virtud, ni si es bueno o malo. Él busca solamente el momento para acercarse y venir en su auxilio.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

1. Decía el anciano Epifanio: “Las lecciones que Dios nos da son completamente distintas a las que nos dan las personas. Para nosotros, dos y dos son cuatro. Pero, para Dios, dos y dos pueden sumar cinco, o seis, o no importa cuál otra cifra”.

2. Antimo, anciano de Quíos, decía: “Sin la voluntad de Dios, ni siquiera una piedra puede ser removida de su lugar, ni una hoja de árbol sacudirse y caer al suelo”.

3. El anciano Eusebio, de la Hermandad Zoi, le escribía a uno de sus discípulos: “Cuando Dios se aparta del hombre, este no sólo termina cayendo en toda clase de pecados y vilezas, sino que también pierde la fe. Dios te hizo criatura Suya y, con tu fe en Él y tu voluntad de crecer según Sus disposiciones, Él te hace hijo Suyo, previendo todas las cosas como un Padre amoroso, porque se preocupa de tu futuro, para que alcances la perfección”.

4. Sobre los medios que Dios utiliza para ayudar al hombre, el anciano Antimo decía: “El Buen Dios no deja de darle buenas sugerencias al hombre. A veces lo ilumina, otras le envía consuelo por medio de alguna persona, y otras veces le envía una señal. La infinita misericordia de Dios aprovecha todos los medios posibles para acercársele al hombre y salvarle”. Y agregaba: “Dios siempre ayuda al hombre, sea enviándole un padre espiritual para guiarle, o un ángel para iluminarle, o sugiriéndole algún pensamiento bueno, o concediéndole alguna revelación divina”.

5. El anciano Jerónimo decía: “Estemos atentos a la forma en que pasamos el día de hoy. Y el futuro confiémoselo a la Providencia Divina. Dios nos ayudará. ¡Todo lo que cuente con la voluntad de Dios, se hará! No nos atormentemos pensando en el futuro. Dios nos ayudará”.

6. Sobre el amor de Dios por el hombre, el venerable Antimo, nuevo santo de la isla de Quíos, subrayaba: “Dios no separa a los justos de los pecadores, ni compara a los buenos con los malos. La abeja, si encuentra un poco de azúcar en un cenicero, no importa cuán sucio esté, que tomará la azúcar para hacer miel. Dios no se fija si el hombre se halla en pecado o en virtud, ni si es bueno o malo. Él busca solamente el momento para acercarse y venir en su auxilio”.

(Traducido de: Andrei Andrericuţ, Arhiepiscopul Alba IulieiCuvintele Bătrânilor, EdituraReîntregirea, Alba Iulia, 2004, pp. 6-7 )