¿Cuántos de nosotros sabemos lo que es el amor verdadero?

 

En tanto lo mantengas fuera de ti, mientras haya distancia entre los dos, mientras lo sigas rechazando, mientras más lo margines, mientras sientas la necesidad de evitar su presencia, no sentirás amor por tu hermano.

Amar al otro como a ti mismo significa no solamente apoyarlo, o darle algo, sino que también consiste en ayudarlo a crecer y avanzar, en darle paz y hacer que se sienta en paz gracias a tu existencia: “Puedes alegrar a todos los que te rodean”.

Amas, cuando recibes a alguien en tu alma, cuando lo haces parte de ti, cuando le haces un lugar en tu corazón. En esto consiste el amor. En tanto lo mantengas fuera de ti, mientras haya distancia entre los dos, mientras lo sigas rechazando, mientras más lo margines, mientras sientas la necesidad de evitar su presencia, no sentirás amor por tu hermano. Cuando amas a alguien, lo aceptas, lo haces tuyo. Así, pasa a formar parte del mundo que hay en tu mente y en tu corazón, adentrándose hasta lo más profundo de tu ser y llegar a ser parte de ti mismo. Solo entonces se puede decir que lo amas en verdad.

El padre Serafín me decía: ¡Hijo, me alegro de tus logros del mismo modo en que alegro de los míos!”. ¡Qué cosa tan extraordinaria! Realmente, el padre Serafín experimentaba una gran felicidad cuando yo conseguí algo, cuando tenía algún éxito, incluso cuando algún logro mío era más grande que los suyos. ¿Por qué? Porque lo que sentía por mí era amor y bondad.

A medida que el hombre crece en el amor, va determinando a otros a que también hagan lo mismo, formando así un auténtico torrente de amor. Esto depende también de la medida en que los hombres sientan esa necesidad, porque, si el amor no es algo que te preocupe esencialmente, seguirá siendo una simple cualidad y nada más.

(Traducido de: Arhimandritul Teofil Părăian, Veniți de luați bucurie, Editura Teognost, Cluj-Napoca, 2001, p. 73)