Palabras de espiritualidad

De cómo ayudar a que nuestros hijos sientan a su Creador

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

La vida de nuestra Iglesia ofrece innumerables oportunidades para una percepción semejante de los valores religiosos a través de los sentidos.

Uno de los pasajes más conmovedores del Evangelio es aquel en el que el Señor reconoce y confirma el valor de la experiencia preintelectual de la fe religiosa. Cuando Sus discípulos, en su esfuerzo por mantener un nivel más “maduro” en la predicación, intentaban impedir que las madres llevaran a sus hijos a Jesús, Él “se entristeció”. Entonces dijo que de los que son como ellos es el Reino de Dios, y que quien no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él (Marcos 10, 13-16).

Él mismo supo ilustrarnos la relación de Dios con los niños: los tomaba en Sus brazos y los bendecía, poniendo Sus manos sobre ellos. Les ofrecía Su amor no mediante una enseñanza, ni siquiera por medio de una parábola, sino a través del contacto físico. Les hacía sentir Su cercanía por medio de sus sentidos corporales; y, al hablar a los adultos, vino a confirmar que la manera en que los niños percibían Su amor —la forma en que habían recibido la gracia de Su bendición— era válida y estaba llena de significado religioso: “Quien no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él”.

La vida de nuestra Iglesia ofrece innumerables oportunidades para una percepción semejante de los valores religiosos a través de los sentidos.

Dejemos que el niño lleve la crucecita que recibió en su bautismo.
Dejémoslo ver, tocar y besar el ícono junto a la cabecera de su camita.
Dejémoslo percibir el aroma del incienso y los colores vivos de la iglesia.
Dejémoslo recibir la Santa Comunión en su boca y saborear su dulzura.
¡Dejémoslo sentir las gotas de agua bendita en su rostro, escuchar el canto sagrado y hacer la Señal de la Cruz con sus deditos!

(Traducido de: Sophie Koulomzin, Biserica și copiii noștri, traducere de Doina Rogoti, Editura Sophia, București, 2010, pp. 65-66)