Palabras de espiritualidad

De cómo debemos practicar la caridad

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Tú, hijo mío, ofrece al prójimo lo poco que provenga de tu propio esfuerzo, para que sea agradable ante el Señor.

No seas ocioso ni perezoso, sino trabaja con tus propias manos para que tengas con qué ayudar al necesitado, y dale con mesura, según tus posibilidades. Solo se te pedirá aquello que se te ha confiado. Que nadie, pues, te exija lo que él mismo posee aunque sea en pequeña medida.

La caridad practicada con ganancias injustas es aborrecida por Cristo, en tanto que la que proviene de bienes adquiridos honradamente es bien recibida. Hijo mío, la caridad no tiene verdadero valor cuando se hace con riquezas obtenidas injustamente. Hay quienes, después de despojar a otros de sus bienes, aparentan practicar la caridad y, tras oprimir a unos, fingen mostrarse misericordiosos con otros. A Dios no le agradan tales obras; al contrario, maldice y rechaza la hipocresía de su corazón.

Tú, hijo mío, ofrece al prójimo lo poco que provenga de tu propio esfuerzo, para que sea agradable ante el Señor. No te gloríes cuando des limosna al necesitado, ni te consideres mejor que aquel a quien das algo; antes bien, en toda obra buena sé humilde delante de Dios, porque no es grato a Él quien hace las cosas por orgullo. Todo lo que se realiza con humildad es bien recibido por Él.

(Traducido de: Sfântul Vasile cel Mare, Învățătură către fiul duhovnicesc, traducere de I. Popa, Editura Mitropolia Olteniei, Craiova, 2007, pp. 36-37)



 

Leer otros artículos sobre el tema: