Palabras de espiritualidad

De cómo la contrición arde nuestras faltas

  • Foto: Lucian Filip

    Foto: Lucian Filip

Translation and adaptation:

En este disgusto se halla el fundamento de la decisión de no pecar más y la esperanza de la corrección de uno mismo.

Cumpliendo con buena conciencia esta obra de desenmascaramiento de ti mismo, reconocerás de corazón todos tus pecados; reconocerás que eres culpable en esto y en aquello y en lo otro, que en todo eres culpable; como si te revistieras de tus propios pecados y sintieras que pesan sobre ti con toda su gravedad; comprenderás que no tienes defensa alguna y clamarás: “¡Qué miserable soy!”.

Y después de que esto haya tenido lugar en tu corazón, apresúrate a suscitar o a extraer de ese mismo corazón —ya dispuesto para ello— los sentimientos dolorosos que constituyen la esencia del verdadero arrepentimiento, a saber: la tristeza por haber ofendido a Dios; la vergüenza de haber llegado a tal inutilidad; el pesar de que podías haberte contenido y no lo hiciste; y la indignación contra tu voluntad pecadora, que no prestó atención a ninguna inspiración de la razón y de la conciencia.

Estos sentimientos están preparados para nacer por sí mismos en el corazón tras la toma de conciencia de los propios pecados y de la propia culpabilidad; pero también tú tienes que ayudarlos a desarrollarse y a encenderse cada vez con mayor fuerza. Que el alma arda en ellos como en un fuego potente: cuanto más arda y cuanto más intensa sea la combustión, tanto más salvadora será.

El límite hasta el cual debe llevarse esta compunción por los pecados es el odio al pecado y el disgusto hacia él. En este disgusto se halla el fundamento de la decisión de no pecar más y la esperanza de la corrección de uno mismo.

(Tradicido de: Sfântul Teofan Zăvorâtul, Pregătirea pentru Spovedanie şi Sfânta Împărtăşanie, Editura Sophia, 2002, pp. 83-84)