¿De dónde viene nuestro auxilio en las tentaciones?
Quienes perseveran en la oración tienen que enfrentar distintas tentaciones; pero Dios, junto con sus ángeles, vela por ellos, los fortalece y los corona.
Los hombres que oran viven; los que no oran, mueren y se pierden. Dios creó al hombre constituido por dos partes: una parte material y visible, el cuerpo, y otra parte inmaterial e invisible: el alma.
Tal como el cuerpo se nutre del pan, el agua y los alimentos bien preparados que se sirven a la mesa al mediodía y por la noche, junto con el aire puro que respiramos a cada instante, del mismo modo el alimento del alma es la Palabra del Señor: las enseñanzas divinas, que brotan abundantemente de las Sagradas Escrituras y de la Santa Tradición, unidas inseparablemente a la oración incesante, a la santa meditación y a la renovación de la vida conforme a la voluntad de Dios.
Quienes perseveran en la oración tienen que enfrentar distintas tentaciones; pero Dios, junto con sus ángeles, vela por ellos, los fortalece y los corona.
(Traducido de: Protosinghelul Nicodim Măndiță, Învățături despre rugăciune, Editura Agapis, București, 2008, p. 9)
