De la bendita protección de la Madre del Señor

 

... Es así como cesan las enfermedades, las epidemias y cualquier otro sufrimiento, con el don de Cristo.

Cuando alguna enfermedad azota la faz del mundo, o alguna epidemia, o la peste, o el tifus, o cualquier otra plaga permitida por Dios por causa de nuestros pecados; cuando mueren hijos, padres, hermanos y hermanas, y se separan los unos de los otros, ella siempre nos trae su protección.

Nadie más tiene el poder de traer de vuelta la salud al mundo, sino nuestro Buen Dios. Porque la Madre del Señor, siendo tan bondadosa, se postra de rodillas y ora por todos nosotros:

“¡Señor, te pido que les devuelvas la salud y que vuelva a ser benefactor el aire que respiran! ¡Señor, libra de tanto dolor y sufrimiento a las viudas y a los niños, a los más necesitados y a todos los hombres, porque son muchos los que imploran mi auxilio y desean obtener Tu piedad e indulgencia por medio de mis oraciones!”.

Y es así como cesan las enfermedades, las epidemias y cualquier otro sufrimiento, con el don de Cristo, cuando ni los mismos médicos saben ya qué hacer con tantos muertos, con tantos heridos, con tantas cosas que transmiten enfermedades. La Madre del Señor hace todo lo que está en sus manos para consolarnos y para que seamos sanados.

(Traducido de: Părintele Cleopa Ilie, Predici la sărbătorile de peste an, Editura Christiana, 2001, p. 52)