Palabras de espiritualidad

De la forma en que nos libramos de la carga de nuestras faltas

  • Foto: Silviu Cluci

    Foto: Silviu Cluci

No temamos recibir con alegría el yugo bueno del Señor y Su carga, que es ligera. Solo así, y de ningún otro modo, podremos encontrar descanso para nuestras almas.

«Venid a Mí todos los que estéis cansados y agobiados, y Yo os haré descansar». ¡Oh, divina voz, oh voz amada, oh dulcísima voz! Vayamos, pues, todos, tras el Señor, Quien nos llama.

Pero antes es necesario sentir este peso: reconocer que estamos cansados, que tenemos una gran multitud de pecados y que esos pecados son, en verdad, pesados. Este sentimiento hace nacer la necesidad de buscar alivio. Entonces la fe nos muestra que el único refugio está en el Señor, y nuestros pasos se orientan por sí mismos hacia Él. El alma que desea librarse de los pecados sabe qué decirle al Señor: “Quita de mí la pesada carga de los pecados, y yo tomaré Tu yugo, que es bueno”.

Y así sucede: el Señor perdona los pecados, y el alma comienza a caminar en Sus mandamientos. Los mandamientos son el yugo, y los pecados son la carga; pero al ponerlos uno junto al otro, el alma descubre que el yugo de los mandamientos es liviano como una pluma, mientras que la carga de los pecados es pesada como una montaña.

Por tanto, no temamos recibir con alegría el yugo bueno del Señor y Su carga, que es ligera. Solo así, y de ningún otro modo, podremos encontrar descanso para nuestras almas.

(Traducido de: Sfântul Teofan Zăvorâtul, Tâlcuiri din Sfânta Scriptură pentru fiecare zi din an, traducere din limba rusă de Adrian și Xenia Tănăsescu-Vlas, Editura Sophia, 2011, pp. 58-59)