Palabras de espiritualidad

De la persona humana como criatura de Dios

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

El ser humano, creado a imagen de Dios, dotado de conciencia de sí mismo y de la capacidad de discernimiento moral, no se conforma simplemente con habitar en el mundo y utilizarlo, como hacen los demás seres vivos, sino que es capaz de alabar a su Creador.

La libertad también significa diversidad y unicidad. En la medida en que somos libres, cada uno de nosotros manifiesta la imagen divina de una manera personal y absolutamente única. Por esta razón, cada ser humano tiene un valor infinito en su unicidad. Cada persona es un fin en sí misma y no un medio para alcanzar un fin exterior.

La cultura contemporánea nos lleva a pensar en términos estereotipados, considerando todo como algo que podría medirse y clasificarse estadísticamente o incluso “programarse” informáticamente. Como humanistas cristianos, solo podemos beneficiarnos si resistimos esta tendencia. Es nuestro deber pasar continuamente del nivel superficial, en el que los seres son clasificados en categorías, al nivel de la persona auténtica, que nunca es aburrida ni predecible.

El Espíritu Santo nos creó a todos libres y a cada uno diferente; pero solo los santos, como “portadores del Espíritu” (pnevmatóforos), nos revelan las verdaderas cualidades de la criatura humana, mostrando la mayor diversidad. No es la santidad la que es monótona, sino el mal.

El ser humano, creado a imagen de Dios, dotado de conciencia de sí mismo y de la capacidad de discernimiento moral, no se conforma simplemente con habitar en el mundo y utilizarlo, como hacen los demás seres vivos, sino que es capaz de alabar a su Creador y de ofrecérselo nuevamente a Él con un gesto de gratitud. Solo mediante esta ofrenda llega el ser humano a ser verdaderamente humano, es decir, una persona completamente diferente. Esta es la segunda dimensión que nos define como seres humanos.

(Traducido de: Episcopul Kallistos Ware, Împărăția lăuntrică, Editura Christiana, 1996, pp. 37-38)