Palabras de espiritualidad

De las formas de vencer la depresión

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Otro camino consiste en aprender a alegrarnos por las cosas buenas, por pequeñas que sean, y en dar gracias a Dios por todo. La gratitud transforma el alma y cambia la química del cerebro y de todo el organismo.

En la depresión, el demonio actúa a través de los pensamientos, alimentando el fuego de la tristeza que brota de una herida antigua. Nadie cae en la depresión sin haber vivido una historia dolorosa, un episodio de su pasado al que haya quedado emocionalmente ligado. Existe incluso una dependencia de nuestros sentimientos negativos, semejante a la dependencia del alcohol. Por eso la curación resulta tan difícil.

Además, necesitamos comprender que cambiar la manera de pensar no es algo sencillo. Si alguien viene y te enseña a “pensar en positivo”, es posible que, si lo consigues, experimentes cierto cambio; pero tu vida no cambiará realmente, porque esos pensamientos no tienen poder sobre la “historia”, sobre el escenario profundo que hay debajo. Esa historia necesita ser entregada a Dios. ¿Cómo hacerlo? ¿Por dónde empezar? Renunciando a los pensamientos y entregando a Dios la propia tristeza. Mi tristeza, lo que siento, está adherido, unido a esa “historia”, al trauma. Tal vez ya no recuerde el trauma, pero mi sentir sí lo recuerda. Y cada vez que tengo un motivo, real o imaginario, para entristecerme, todo ese “depósito” de tristeza vuelve a activarse. Cuando se lo entrego a Dios y le pido que me sane, incluso al experimentar una pequeña tristeza, la gracia sanadora penetra en ese “depósito”.

Otro camino consiste en aprender a alegrarnos por las cosas buenas, por pequeñas que sean, y en dar gracias a Dios por todo. La gratitud transforma el alma y cambia la química del cerebro y de todo el organismo.

(Traducido de: Monahia Siluana Vlad, Doamne, unde-i rana?, Editura Doxologia, Iași, 2017, pp. 75-76)


 

Leer otros artículos sobre el tema: