Palabras de espiritualidad

De las mismas tentaciones podemos extraer algo bueno

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Los demonios esperan precisamente una actitud así —que mostremos debilidad y perezca nuestra alma— para golpearnos. Ellos se fortalecen con nuestra debilidad.

Cada uno de nosotros tiene que estar atento: los demonios no tienen poder para vencernos, a menos que nosotros mismos nos entreguemos a ellos. Solo pueden tentarnos, ¡y nada más! Incluso cuando nos tientan, nos resultan útiles, porque llegan a ser ocasión de nuestra gloriosa coronación, si les resistimos hasta el final. Pues mientras no les resistamos, seremos vencidos.

Podemos ser heridos, ya que esto es difícil de evitar para cualquiera que lucha. Incluso puede suceder que, por un breve tiempo, caigamos. Pero si nos levantamos de inmediato, Dios no considerará nuestra caída como un pecado imperdonable. Tales son las “caídas” del justo, de las que se ha dicho: “Porque el justo cae siete veces y vuelve a levantarse…” (Proverbios 24, 16).

Pero si caemos en la preocupación excesiva, si perdemos la firmeza y el valor, este estado deviene en algo muy peligroso. Los demonios esperan precisamente una actitud así —que mostremos debilidad y perezca nuestra alma— para golpearnos. Ellos se fortalecen con nuestra debilidad.

(Traducido de: Arhimandritul Serafim Alexiev, Tâlcuire la Rugăciunea Sfântului Efrem Sirul, traducere din limba bulgară de Gheorghiță Ciocioi, Editura Sophia, București, 2011, p. 35)