Palabras de espiritualidad

De las virtudes del verdadero padre espiritual

  • Foto: Bogdan Zamfirescu

    Foto: Bogdan Zamfirescu

El agua no puede elevarse por sí sola por encima del nivel de su manantial; el hombre no puede dar lo que no tiene; y un padre espiritual no puede guiar a otro por el sendero de la vida cristiana, si él mismo no ha subido antes los peldaños de la perfección espiritual.

Tiempo atrás, sus discípulos contaban que el padre Nicodemo era un asceta muy humilde y solitario. Oraba mucho, especialmente de noche; leía y ayunaba todo el tiempo. Como profesor y pedagogo, era muy práctico, con un profundo pensamiento lógico y cercano a las realidades de la vida. Hablaba con convicción, de forma clara y comprensible, pero como un admirable teólogo. A menudo, lo que enseñaba era dogmática, moral y derecho canónico.

Este humilde maestro y padre espiritual del seminario hacía un gran énfasis en la oración y la vida moral, que llevan a la salvación y son el cimiento del auténtico sacerdocio cristiano.

El padre Nicodemo consideraba la confesión y el consejo personal como medios extraordinariamente importantes para la formación espiritual del futuro sacerdote. Por eso, confesaba con frecuencia a sus alumnos, los aconsejaba, les leía textos de los Santos Padres y los instaba a leer los mejores libros, tanto teológicos como de cultura general.

Decía el padre Nicodemo que un padre espiritual tiene que saber bien las funciones de las fuerzas espirituales, y ya desde un primer contacto con el penitente, poder reconocer las debilidades que lo llevan a cometer pecado. A unos, es el pecado del cuerpo lo que los hace pecar; a otros, el sentido afectivo, en tanto que a otros los induce al pecado la falta de profundidad espiritual o determinados obstáculos que aparecen en su vida.

Acerca de los padres espirituales que carecen de suficiente experiencia, decía:

—A veces, ni ellos se conocen a sí mismos. ¿Cómo, entonces, podrían conocer a los demás? Esa insuficiencia en el conocimiento y la experiencia del Santo Evangelio, unida a una fe sentimental e inestable, engendra una convicción incompleta, y así su voluntad ya no puede forjar una personalidad religiosa que esté a la altura de la elevada dignidad de administrador de los Misterios de Dios.

Decía también:

—El agua no puede elevarse por sí sola por encima del nivel de su manantial; el hombre no puede dar lo que no tiene; y un padre espiritual no puede guiar a otro por el sendero de la vida cristiana, si él mismo no ha subido antes los peldaños de la perfección espiritual.

Y añadía además estas palabras:

—En virtud del auxilio de la Gracia, un padre espiritual, por inferior que sea, está mucho más capacitado para guiar a alguien por el camino de la salvación que un fiel verdaderamente piadoso, pero carente de la Gracia del Espíritu Santo, que sana lo enfermo y fortalece lo débil.

(Traducido de: Arhimandritul Ioanichie BălanPatericul românesc, Editura Mănăstirea Sihăstria, pp. 644-645)