Palabras de espiritualidad

De por qué es mejor recibir el castigo por nuestros pecados

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Si verdaderamente los castigos ahuyentan el mal, ¿por qué Dios no nos castiga por cada uno de nuestros pecados?

No debemos compadecernos de quienes son puestos a prueba y sufren, sino de aquellos que, a pesar de pecar, no son castigados. Porque los castigos, en realidad, impiden el pecado y conducen a la virtud.

Pero si esto es así —me dirá alguno—, si verdaderamente los castigos ahuyentan el mal, ¿por qué Dios no nos castiga por cada uno de nuestros pecados? Esta es la respuesta: si Dios hubiera castigado a cada hombre por cada uno de sus pecados, la humanidad entera habría perecido y la posibilidad de salvación se habría perdido.

Miremos, por ejemplo, el caso del Apóstol Pablo. Si Dios lo hubiera castigado por perseguir a los cristianos, más aún, si lo hubiera hecho morir, ¿cómo habría podido arrepentirse, realizar tantas obras agradables a Dios y guiar al mundo entero desde el error hacia la verdad?

Observemos también cómo obran los médicos. Cuando se presenta ante ellos alguien gravemente herido, aplican el tratamiento pertinente, pero no según el número y la profundidad de las heridas, sino según la resistencia del organismo. Porque ¿de qué sirve que las heridas se cierren si el hombre muere?

(Traducido de: Sfântul Ioan Gură de Aur, Problemele vieţii, Editura Egumeniţa, Galaţi, pp. 20-21)


 

Leer otros artículos sobre el tema: