Donde no hay amor, lo que hay es infierno

 

Tal como un niño sufre cuando se aparta de su mamá, así sufre el hombre cuando se aleja de Dios.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

Al principio, el hombre vivía en comunión con Dios. Sin embargo, cuando se apartó de la Gracia, se vio en la misma situación que uno que toda su vida había vivido en un palacio, y un día se vio en la calle, contemplando con amargura, desde la distancia, la que fuera su morada. Tal como un niño sufre cuando se aparta de su mamá, así sufre el hombre cuando se aleja de Dios.

El distanciamiento del hombre con Dios es el infierno. Tanto se ha esmerado el demonio en apartar de Dios a los hombres, que muchos han terminado adorando ídolos de piedra y sacrificando a sus hijos ante tales “deidades”. ¡Qué terrible!

Con todo, el más atormentado es el demonio, porque es quien se halla más lejos de Dios, del amor. Y es que, donde no hay amor, lo que hay es infierno. ¿Qué es lo opuesto al amor? La maldad, que es lo mismo que el tormento.

(Traducido de: Cuviosul Paisie Aghioritul, Cu durere și dragoste pentru omul contemporan, Editura Evanghelismos, București, 2003, p. 43)