El alma que se seca
El alma que no ha sido hidratada con el rocío de la Palabra y la Gracia, se seca y se vuelve estéril.
Como todos sabemos, cuando no llueve, la tierra se seca y se vuelve infértil.
Entendamos, pues, que también el alma que no ha sido hidratada con el rocío de la Palabra y la Gracia, se seca y se vuelve estéril también.
Nuestro cuerpo se agota con el hambre y la sed. Y, si no lo alimentamos, podría morir. ¿Qué quiero decir con esto? Que, así como cada día comemos y bebemos para mantener nuestro cuerpo, debmos buscar también, incesantemente, el alimento para nuestra alma, el agua y el consuelo de la Palabra del Señor, para que no muera de hambre y sed.
(Traducido de: Sfântul Tihon din Zadonsk, Dumnezeu în împrejurările vieţii de zi cu zi, Editura Sophia, Bucureşti, 2011, p. 75)